El carnaval es una celebración que tiene lugar antes del inicio de la cuaresma
cristiana, que se inicia a su vez con el Miércoles de Ceniza, que tiene
fecha variable (entre febrero y marzo según el año). El carnaval
combina algunos elementos como disfraces, desfiles, y fiestas en la
calle. A pesar de las grandes diferencias que su celebración presenta en el
mundo, su característica común es la de ser un período de permisividad y
cierto descontrol.
Era la primera fiesta oficial a la que asistía en la universidad.
Era mi primer año.
No era como me imaginaba que sería, no se hacían novatadas, no estábamos todos los días de fiesta en fiesta ni borrachos,como en las pelis. Pero había fiestas de vez en cuando, nunca fui a una hasta esa noche, nunca me habían invitado antes.
Iba a ir con una compañera, la fiesta era bastante formal para ser carnaval.
Decidimos ir en un vestido negro, con la espalda al descubierto y la cara cubierta con un antifaz en mi caso.
Lo compré en una tienda de disfraces a media hora de la uni.
La primera vez que lo vi supe que tenía que comprármelo, me recordaba a Venecia, y eso a la vez me recordaba a mi padre. El antifaz era granate, con toques dorados a los bordes y plumas en la partes superior.
Mi amiga llevaba puesta una mascara, la de V de Vendetta concretamente.
Salimos y no nos costó mucho en llegar, el sitio estaba en un callejón, donde había escaleras que llevaba a lo que parecía un sótano.
Entramos y la sala estaba cubierta con tablas de madera, había dos sofás granates, una alfombra que cubría casi toda la habitación y una mesa para unas doce personas donde se encontraban todas las bebidas.
Vi a bastantes de mi mismo curso y unos cuantos de último año.
Cogimos dos copas de martini, el sótano estaba a rebosar, todos bailaban y cruzaban miradas que los llevaba a irse juntos de la mano, a hacer dios sabe qué.
Cuando me dispuse a bailar, me pusieron un saco en la cabeza y se oyeron gritos alrededor.
Me llevaron arriba.
Aunque no veía nada, sabía que nos habían sacado a todos.
Nos llevaron a otra habitación no muy lejos y nos sentaron en el suelo.
Nos quitaron los sacos de la cabeza, éramos diez.
Lo primero que vimos fue a un chico subido a una silla, con una copa en la mano.
Calló varios segundos y después anunció:
-Que comiencen las novatadas.
domingo, 7 de febrero de 2016
miércoles, 3 de febrero de 2016
Esperanza en París.
Pasaron diez minutos, pasaron veinte.
Al cabo de una hora,ella no aparecía y yo seguía esperando, sentado en una terraza al pie de la torre Eiffel.
Ya iba a irme cuando de repente la vi aparecer, con los vuelos de la falda alborotados, al igual que su pelo, los tacones que parecían llevarla al cielo y esa camisa, con ese maravilloso escote.
Sonrió nerviosa, tímida, y me miró con ojos culpables ¿Quién podría enfadarse con ella? Me daba igual esperar una o dos horas más solo por verla.
Esperaría la vida.
Le acerqué la silla para que así le fuera más fácil sentarse, ya le había pedido el café antes, como hacía siempre, pero estaría frío así que le pedí otro y el suyo me lo bebí yo.
Ella se merece lo mejor.
Hablamos y hablamos de cosas insignificantes, que cobraban sentido si era ella quien las contaba.
La llamaron al móvil, habló durante veinte segundos, pero bastó para ponerla nerviosa.
Me miró, con esos ojos verdes, que mirada, ahora sí que estaba seguro, aunque aún no hubiera nada entre nosotros, sé que podría funcionar, era imposible que no funcionara. Estaba seguro de pedir su mano, esa misma noche iría a su casa y se lo pediría. Estaba seguro.
No puedo vivir un día más sin ella a mi lado.
Encendió un cigarillo y asomó un anillo, es una mujer con clase, caprichosa, ella se permitia el lujo de comprarse joyas.
Yo le compraría todas las joyas del mundo si ella me lo pidiera, le concedería todos sus caprichos.
Antes de que se acabara el cigarillo apareció un hombre, a ella la abrazó y a mi me tendió la mano.
Era apuesto, alto, el típico parisino moreno de ojos verdes.
Antes de pedir la cuenta, ella me dijo:
-No podía esperar a presentarte a mi prometido, espero que no te importe que hoy comparta el café con nosotros.
Al cabo de una hora,ella no aparecía y yo seguía esperando, sentado en una terraza al pie de la torre Eiffel.
Ya iba a irme cuando de repente la vi aparecer, con los vuelos de la falda alborotados, al igual que su pelo, los tacones que parecían llevarla al cielo y esa camisa, con ese maravilloso escote.
Sonrió nerviosa, tímida, y me miró con ojos culpables ¿Quién podría enfadarse con ella? Me daba igual esperar una o dos horas más solo por verla.
Esperaría la vida.
Le acerqué la silla para que así le fuera más fácil sentarse, ya le había pedido el café antes, como hacía siempre, pero estaría frío así que le pedí otro y el suyo me lo bebí yo.
Ella se merece lo mejor.
Hablamos y hablamos de cosas insignificantes, que cobraban sentido si era ella quien las contaba.
La llamaron al móvil, habló durante veinte segundos, pero bastó para ponerla nerviosa.
Me miró, con esos ojos verdes, que mirada, ahora sí que estaba seguro, aunque aún no hubiera nada entre nosotros, sé que podría funcionar, era imposible que no funcionara. Estaba seguro de pedir su mano, esa misma noche iría a su casa y se lo pediría. Estaba seguro.
No puedo vivir un día más sin ella a mi lado.
Encendió un cigarillo y asomó un anillo, es una mujer con clase, caprichosa, ella se permitia el lujo de comprarse joyas.
Yo le compraría todas las joyas del mundo si ella me lo pidiera, le concedería todos sus caprichos.
Antes de que se acabara el cigarillo apareció un hombre, a ella la abrazó y a mi me tendió la mano.
Era apuesto, alto, el típico parisino moreno de ojos verdes.
Antes de pedir la cuenta, ella me dijo:
-No podía esperar a presentarte a mi prometido, espero que no te importe que hoy comparta el café con nosotros.
lunes, 1 de febrero de 2016
Una ola de sentimientos. (Félix Albo)
Alterada.
Emocionada.
Entré por la puerta.
Nerviosa.
Preguntándome de qué iba a ser.
Me senté y media docena de cabezas me taparon la vista.
Abrumada.
Yo siempre tenía que ser la enana.
Una corta presentación.
Y un señor comenzó a hablar...
¿Qué es esto que dice?
Concentré el sentido auditivo en sus palabras.
Era... tranquilizante.
Tranquilizante y gracioso. (Aunque juraría que no he entendido ningún chiste.)
Las docenas de cabezas que había no paraban de reír.
Sí, era gracioso pero yo no sabía si seguir riéndome.
No sabía qué sentir.
Desgarrador.
Triste.
De un segundo al otro su voz ya no contenía ese tono divertido.
No sé qué tono era y no sé que sentía pero mis lágrimas luchaban por asomar.
Aplausos y más aplausos.
De repente se amontonó la gente y la puerta vomitaba todas esas cabezas que no dejaron ver.
Respiré y me dolía no saber el qué sentir.
Confundida volví a mi rutina.
Pero no lo olvidé.
libertad la Hacia.
analfabeto toma gente por La me aquí de. Él de guardia mi ríe se, demás al presos los igual que. hablar que Dicen no sé. excepción A uno de. mio Querido amigo . entiende única que es Él que el, el único de misma habla la forma que yo es. nosotros Todos se ríen de, locos que estamos dicen. dice como el guardia, Zumbados. hay Y es que estar que encontrar loco la para felicidad. ingenuos Pobres, lo no entienden. de No gracias saben que este a método aquí salir podremos. salida la conocemos nosotros Solo.
Solo nosotros conocemos el código que puede llevarnos a la libertad.
http://nahuiolli.blogspot.com.es/2013/02/por-escrito-gallina-una-julio-cortazar.html
Solo nosotros conocemos el código que puede llevarnos a la libertad.
http://nahuiolli.blogspot.com.es/2013/02/por-escrito-gallina-una-julio-cortazar.html
domingo, 31 de enero de 2016
Félix Albo
Entramos a la biblioteca y nos encontramos en un pueblo de Alicante dónde la gente formaba su amor en torno a un pino. También había hogeras y tradiciones que emocionaban a todos los habitantes y recuerdos de los que Félix Albo nos hacía testigos.
De repente los pinos se transformaron en un solo manzano, era gigante y tenía un amigo, un niño que poco a poco fué creciendo y al que el manzano le ofrecía toda su ayuda, hasta al fin quedar siendo un simple tronco que no quedó satisfecho hasta que el niño, ya convertido en todo un hombre derramó sus lágrimas sobre él. De repente todo desaparecíó y la biblioteca volvía a estar ahi, con todo el mundo sentado en las sillas y Felix callado. Ya no sabíamos como sentirnos, otros reían, otros lloraban y otros como yo se quedaron callados asimilando lo que acababa de suceder, asimilando la historia trágica con tono alegre que teníamos delante.
Después entró una niña en la biblioteca, apareció con ella un bosque, queria cruzarlo pero su madre se lo impedía. Al final la animamos y lo cruzó, la curiosidad pudo con todos. Al volver del final de bosque nos contó que alli se encontraba una mujer, de un aspecto horroroso pero con un pico de oro, todo lo que contaba se transformaba en imágenes. Volvería todos los días.
En el bosque aparecó tambien otra niña, pero esta tenía una capucha roja y se dirigía a casa de su abuelita. Nos contó que por el camino no paraba de encontrarse con un lobo, que lo único que quería hacer era sus necesidades tranquilo.
Fué increible, como se pasaba de un estado a otro, como las lágrimas de emoción se convertian en lagrimas de risa y los escenarios cambiaban continuamente sin saber si volveríamos al bosque o a un bar donde anunciaban en la tele un incendio a lo largo de la costa mediterránea.
Y esque no hay que tomarse la vida tan enserio ¡Hay que vivirla! Formar recuerdos que podamos contar en un futuro para entretener a la gente o simplemente sentir que hemos vivido.
De repente los pinos se transformaron en un solo manzano, era gigante y tenía un amigo, un niño que poco a poco fué creciendo y al que el manzano le ofrecía toda su ayuda, hasta al fin quedar siendo un simple tronco que no quedó satisfecho hasta que el niño, ya convertido en todo un hombre derramó sus lágrimas sobre él. De repente todo desaparecíó y la biblioteca volvía a estar ahi, con todo el mundo sentado en las sillas y Felix callado. Ya no sabíamos como sentirnos, otros reían, otros lloraban y otros como yo se quedaron callados asimilando lo que acababa de suceder, asimilando la historia trágica con tono alegre que teníamos delante.
Después entró una niña en la biblioteca, apareció con ella un bosque, queria cruzarlo pero su madre se lo impedía. Al final la animamos y lo cruzó, la curiosidad pudo con todos. Al volver del final de bosque nos contó que alli se encontraba una mujer, de un aspecto horroroso pero con un pico de oro, todo lo que contaba se transformaba en imágenes. Volvería todos los días.
En el bosque aparecó tambien otra niña, pero esta tenía una capucha roja y se dirigía a casa de su abuelita. Nos contó que por el camino no paraba de encontrarse con un lobo, que lo único que quería hacer era sus necesidades tranquilo.
Fué increible, como se pasaba de un estado a otro, como las lágrimas de emoción se convertian en lagrimas de risa y los escenarios cambiaban continuamente sin saber si volveríamos al bosque o a un bar donde anunciaban en la tele un incendio a lo largo de la costa mediterránea.
Y esque no hay que tomarse la vida tan enserio ¡Hay que vivirla! Formar recuerdos que podamos contar en un futuro para entretener a la gente o simplemente sentir que hemos vivido.
miércoles, 20 de enero de 2016
El mejor trira de mi lirira.
Él me invitó al grapatel y craceté enseguida. Una vez en el
grapatel fuimos al boliverante y pedimos hadada con muchos rofantes y farfalla.
Nos la tragomimos y pedimos el petonte. Era una tafanta de clotante y estaba
tilísima. Detimos una yopa de fito y él se clegantó y se puso de
bordollas. Sacó de su dibillo una sata y
¡era un janollo! A continuación dijo que si crazo fargarme con él y cracé
enseguida. Era dormoso.
La semana que prochone nos fargamos y estamos muy palibes.
martes, 19 de enero de 2016
Ridícula amnesia.
Eran las 05:00, o almenos esa era la sensación que tenía.
Volví a cerrar los ojos e intentar dormir.
Me despertó una mujer que parecía conocerme, ya que no se cortó al quitarme la manta de un tirón y gritarme que me levantara, parecía tan convencida de lo que hacía que me impedió llevarle la contraria así qué me levanté, me vestí y baje a ver que sucedía.
Al bajar me encontré a un hombre leyendo el periódico, o no se había enterado que estaba allí, o le daba igual. Un chico, más o menos de mi edad, moreno, de ojos verdes y cara malhumorada estaba zampandose unas tortitas y quitando una de lo que parecía mi parte , la verdad es que tenía hambre y antes de que me quitara todas las tortitas me apresuré a sentarme y a comer, las preguntas que tenia podían esperar a que tuviera el estómago lleno.
Al acabar el desayuno volvió a aparecer aquella mujer que me había desperatado antes, hasta entonces no me había fijado en sus enormes ojos verdes, se parecían a los del chico, pero eran incomparables. Ahora parecía más tranquila y amable que esta mañana. Nos dió lo que parecía un bocadillo envuento en papel albal, después un beso y nos dijo que nos dieramos prisa que sino perderíamos el bus hacia el instuto.Seguí al chico, que por lo visto se llamaba Alex y no le caía muy bien. Le pregunté como se llamaba la mujer y el hombre de dentro, me miró con cara rara y me dijo que me dejara de tonterias, no lo entendí, le debí de mirar raro ya que me respondió: - Agatha y Harry, tus padres, idiota-. Para mi gusto sobraba el 'idiota', pero eso no era lo importante: ¿mis padres?, estaba casi segura de la respuesta pero le pregunté -¿Entonces, tú eres mi hermano?-. Me miro mal, muy mal y me dijo -¿Pero qué coño te pasa?. Decidí dejarme de preguntas ya que Alex, mi hermano, no estaba de humor.
El día en el instituto pasó rápido y según había visto conocía bastante gente y mis notas en clase eran mejores de lo que me esperaba.
Al llegar, Agatha estaba en la cocina, cocinando supongo y Harry había pasado del periódico a la tele. Alex subió a su cuarto así que dedicí imitarle.
Entre a la habitacion, la cama estaba echa y todo muy bien ordenado. Desde luego yo no había sido.
Me acerqué al tocador que habia a la izquierda de la cama, y entonces comprendí todo, esos ojos no eran los mios, tampoco los rizos ni la boca ni la nariz, ese no era mi cuerpo.
¿Quién era la del espejo?, ¿Quién era yo, ¿Qué había pasado conmigo?
Volví a cerrar los ojos e intentar dormir.
Me despertó una mujer que parecía conocerme, ya que no se cortó al quitarme la manta de un tirón y gritarme que me levantara, parecía tan convencida de lo que hacía que me impedió llevarle la contraria así qué me levanté, me vestí y baje a ver que sucedía.
Al bajar me encontré a un hombre leyendo el periódico, o no se había enterado que estaba allí, o le daba igual. Un chico, más o menos de mi edad, moreno, de ojos verdes y cara malhumorada estaba zampandose unas tortitas y quitando una de lo que parecía mi parte , la verdad es que tenía hambre y antes de que me quitara todas las tortitas me apresuré a sentarme y a comer, las preguntas que tenia podían esperar a que tuviera el estómago lleno.
Al acabar el desayuno volvió a aparecer aquella mujer que me había desperatado antes, hasta entonces no me había fijado en sus enormes ojos verdes, se parecían a los del chico, pero eran incomparables. Ahora parecía más tranquila y amable que esta mañana. Nos dió lo que parecía un bocadillo envuento en papel albal, después un beso y nos dijo que nos dieramos prisa que sino perderíamos el bus hacia el instuto.Seguí al chico, que por lo visto se llamaba Alex y no le caía muy bien. Le pregunté como se llamaba la mujer y el hombre de dentro, me miró con cara rara y me dijo que me dejara de tonterias, no lo entendí, le debí de mirar raro ya que me respondió: - Agatha y Harry, tus padres, idiota-. Para mi gusto sobraba el 'idiota', pero eso no era lo importante: ¿mis padres?, estaba casi segura de la respuesta pero le pregunté -¿Entonces, tú eres mi hermano?-. Me miro mal, muy mal y me dijo -¿Pero qué coño te pasa?. Decidí dejarme de preguntas ya que Alex, mi hermano, no estaba de humor.
El día en el instituto pasó rápido y según había visto conocía bastante gente y mis notas en clase eran mejores de lo que me esperaba.
Al llegar, Agatha estaba en la cocina, cocinando supongo y Harry había pasado del periódico a la tele. Alex subió a su cuarto así que dedicí imitarle.
Entre a la habitacion, la cama estaba echa y todo muy bien ordenado. Desde luego yo no había sido.
Me acerqué al tocador que habia a la izquierda de la cama, y entonces comprendí todo, esos ojos no eran los mios, tampoco los rizos ni la boca ni la nariz, ese no era mi cuerpo.
¿Quién era la del espejo?, ¿Quién era yo, ¿Qué había pasado conmigo?
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